Cómo programar el hormigonado de una losa: camiones, ritmo y cuadrilla
Obra y despacho

Cómo programar el hormigonado de una losa: camiones, ritmo y cuadrilla

El día de la losa no se improvisa: se calcula cuántos camiones caben por hora y se arma la cuadrilla en torno a ese número.

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Equipo Premezclado

Publicado el 2026-09-16

La mayoría de los problemas de una losa no nacen en la mezcla: nacen en la agenda. Camiones que llegan juntos y esperan, una cuadrilla que no da abasto, un vibrador que se rompe sin repuesto, la bomba que llega tarde. Programar el hormigonado es responder con números a una sola pregunta: cuánto material puede recibir, extender, vibrar y terminar tu obra en una hora. Todo lo demás —cuántos camiones pedir, a qué hora empezar, cuánta gente contratar— sale de ahí.

En resumen: primero se calcula el ritmo que la obra puede sostener, en metros cúbicos por hora, a partir de la cuadrilla y del equipo de colocación; después se pide el volumen repartido en camiones espaciados a ese ritmo, y no antes. Se empieza temprano, se define quién recibe cada camión y quién anota las horas, se tiene resuelto el curado antes de empezar y se acuerda con la planta un plan para la lluvia y para una avería. Un camión esperando en la puerta envejece y se convierte en un problema; un frente parado esperando un camión, también.

El número del que sale todo: metros cúbicos por hora

Antes de llamar a nadie, calcula el ritmo. Es una estimación honesta de cuánto puede colocar tu obra en una hora, y depende de tres cosas: cómo llega el material al punto de descarga, cuánta gente lo extiende y vibra, y cuánta superficie hay que terminar por metro cúbico.

Una descarga directa por canaleta a una losa de planta baja es rápida. Una descarga con bomba a una losa en altura es rápida si la bomba no se detiene. Un traslado con carretillas por una rampa es lento, y además cansa a la cuadrilla, que empieza rindiendo el doble de lo que rinde a las tres horas. Ese decaimiento es real y hay que preverlo: si vas a hormigonar cuatro horas seguidas, el ritmo de la cuarta hora no será el de la primera.

La forma práctica de estimarlo es mirar lo que hizo tu propia cuadrilla la última vez, no una tabla. Si nunca lo mediste, esta es la ocasión: anota la hora en que empezó a descargar cada camión y la hora en que terminó. Ese registro te sirve para esta losa y para todas las siguientes.

De ritmo a camiones

Con el ritmo y el volumen ya tienes el plan. Dividiendo el volumen entre la capacidad de cada viaje sabes cuántos camiones son; dividiendo el ritmo entre esa capacidad sabes cada cuánto tiene que llegar uno. Esa separación entre camiones es el dato que hay que acordar con la hormigonera, por escrito, junto con la hora del primero.

Dos advertencias. La primera: no pidas todos los camiones a la misma hora «para asegurarte». Se convierten en una fila en la puerta, y el material envejece dentro del tambor mientras espera; por qué eso importa está en Cuánto tiempo hay para descargar el hormigón. La segunda: pregunta a la planta cuántos camiones por hora puede sostener realmente a tu zona ese día y a esa hora. Una planta lejana en hora punta no despacha al mismo ritmo que una cercana de madrugada.

El volumen que se pide

El volumen sale del cómputo del encofrado real, medido el día anterior, más el margen de desperdicio. Cómo se calcula una losa, con sus rendimientos por metro cuadrado, está en Cómo calcular los m³ de hormigón de una losa.

Al repartirlo en viajes conviene dejar el ajuste para el final: los primeros camiones se piden completos y el último se cierra con lo que falte, cuando ya se ve cómo va la losa. Eso exige que la hormigonera acepte confirmar el último viaje sobre la marcha, y es una pregunta que se hace antes, no a media mañana.

La cuadrilla y los puestos

PuestoQué hace y por qué no puede faltar
Quien recibe el camiónComprueba el documento de entrega contra lo pedido, mira el asentamiento, anota horas y firma. Una sola persona, siempre la misma.
Quien dirige la descargaDecide dónde cae el material y mantiene el frente avanzando en una sola dirección.
Extendido y nivelaciónReparte y lleva el espesor a las referencias marcadas en el encofrado.
VibradoCompacta sin arrastrar ni tocar la armadura. Con un vibrador de repuesto a mano.
TerminaciónRegla y llana en el momento correcto, sin agregar agua a la superficie.
CuradoCon el material y el agua ya en obra antes de empezar, no comprados a media tarde.

Un consejo que ahorra discusiones: el puesto de quien recibe no se comparte con ningún otro. Si la misma persona que firma está vibrando, firma sin leer.

La víspera

  • Encofrado revisado y aprobado, con apuntalamiento, niveles, separadores y limpieza comprobados.
  • Acceso libre: frente del lote despejado, ruta de entrada acordada, altura de cables y ramas medida. Lo que hay que resolver está en Accesos y maniobras antes de que llegue el mixer.
  • Equipo probado: vibradores, reglas, llanas, generador y luces si vas a empezar antes del amanecer.
  • Agua y material de curado en obra.
  • Confirmación con la planta de hora, ritmo, tipo, asentamiento y volumen, por escrito.
  • Pronóstico mirado y plan de lluvia decidido, con láminas listas.

Durante la jornada

El frente avanza en una dirección y no se abandona a medias; cada capa se cubre con la siguiente antes de que la anterior pierda trabajabilidad, porque ahí es donde nace una junta que no estaba prevista. Cada camión se recibe con el mismo control que el primero. Las horas se anotan sin excepción: hora de carga, de llegada, de inicio y de fin de descarga. Ese registro es lo único que sostiene un reclamo después.

Si el ritmo real se aleja del previsto, se corrige llamando a la planta: retrasar el siguiente camión es barato, y tener tres esperando no lo es. Y si algo se rompe, la decisión de seguir o parar se toma rápido y con criterio: una parada corta se resuelve tratando bien la superficie; una parada larga cambia el plan y obliga a una junta en un lugar aceptable. Cómo se decide eso está en Junta fría: qué es, por qué aparece y cómo se evita.

Al terminar

La losa no está lista cuando se va el último camión: está lista cuando empieza el curado. Protege del sol y del viento, empieza a curar en cuanto la superficie aguanta sin marcarse, y mantén el curado los días que corresponda. Guarda los documentos de entrega firmados, las fotos del encofrado y el registro de horas; con eso, cualquier discusión posterior tiene base. Y si todavía estás armando el pedido, pide tu cotización con volumen, tipo, asentamiento, fecha, hora y ritmo.

Sigue leyendo: Qué hacer si llueve en pleno hormigonado.

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